ComuArte

Flores para el no olvido, homenaje a las mujeres del movimiento estudiantil de 1968 en México. 

Inauguración de la exposición de artistas visuales, en el marco del XXII Encuentro Internacional –XVIII Encuentro Iberoamericano de Mujeres en el Arte, México 2019, Día Internacional de la Erradicación de la Violencia hacia las mujeres.

Jueves 20 de septiembre de 2018, a las 18:00 hrs. en el Centro Cultural Javier Villaurrutia. Local 25 al interior de la Glorieta de Insurgentes, Col Roma. Permanecerá hasta el 21 de octubre, Entrada libre.

A cincuenta años, homenaje a las mujeres del movimiento estudiantil de 1968 en México. El movimiento estudiantil de 1968 en México, surgido entre los jóvenes, principalmente de la Universidad Nacional y el IPN que lograron sumar a profesores, académicos y una naciente sociedad civil, abrió la puerta para la conquista de libertades democráticas, como el surgimiento de organizaciones civiles, la defensa de los Derechos Humanos, e incluso la denominada revolución sexual. El movimiento, y la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, marcan un antes y después en la historia mexicana.

 A lo largo de estos años, mujeres historiadoras, periodistas, fotógrafas, músicas, artistas visuales, sobrevivientes de la represión, se han esforzado por reivindicar el papel de las mujeres dentro del movimiento y por hacer visible su contribución.

ComuArte quiere hacer visibles a esas mujeres que participaron en forma activa en el movimiento estudiantil del 68. Ellas no sólo fueron una parte importante en su configuración, sino que además lograron una transformación para sí mismas en un proceso donde el deseo de ejercer sus derechos de ciudadanas, las hizo presentes en un ambiente de protesta, inconformidad y rebeldía.

Durante los años 60 las mujeres comenzaban a conquistar espacios universitarios, por lo que eran pocas las que estudiaban en las escuelas o facultades. Después se apropiaron de su realidad en lo público y privado, se liberaron y volaron entre mundos de palabras, rompiendo la frontera del discurso de la Iglesia y de la sociedad que les imponía mantenerse en casa. En gran medida estos cambios fueron producto de la transformación en diversos ámbitos de la vida social. Igualmente, los cambios en las concepciones de la juventud y de las mujeres en esa década alentaron nuevas expresiones sociales, culturales, económicas y políticas que se proyectaron en el movimiento estudiantil mexicano de 1968, lo que desarrolló nuevas formas de lucha feminista que marcaron la historia de México.

Este movimiento resulta significativo y atrayente para el mundo intelectual y académico por dos grandes razones. Por un lado, la unión entre estudiantes, profesores, intelectuales, obreros, campesinos, padres y madres de familia, amas de casa incluso sacerdotes en una misma lucha contra el gobierno mexicano autoritario de aquellos años. Por otro, las mujeres que constituyeron una parte fundamental, mostraron su importancia ante las problemáticas que estaban en la raíz de la inconformidad y las luchas sociales, en particular ante sus problemas específicos. Quizá una causa y un efecto de la toma de conciencia de su función, como fue el acceso de un mayor número de mujeres a estudios superiores, especialmente a los estudios universitarios, y que se dio con su participación masiva, de solidaridad y camaradería, que abarca desde las abuelas, madres, hermanas, académicas y estudiantes y más específico de la mujer universitaria, que se agregó a la lucha de protesta que caracterizó a la década, desde la rebeldía familiar hasta la institucional.

 En esta lucha las mujeres del 68, convencidas de los ideales del movimiento, no sólo enfrentaron el autoritarismo del Estado, sino también el sistema patriarcal que las oprimía y dictaba que no debían inmiscuirse en estos asuntos; ellas fueron víctimas de acoso, maltrato, persecución y hostigamiento, algunas fueron encarceladas, unas violadas, otras asesinadas, otras simplemente desaparecieron.

A estas mujeres el 68 fragmentó su vida, son unas antes y otras después del movimiento estudiantil. Renacieron junto con el movimiento, un movimiento solidario, de compromiso; describieron su realidad dentro de su espacio privado: en casa, en temas de sexualidad, familia, ideologías conservadoras; en el espacio público, expresaban su entendimiento de la situación política del país. 1968 les cambia la apertura de visión de rol como mujer, como ciudadana, como ser social.

Ahora, en el 2018 estamos en un después donde la sociedad en su conjunto y las mujeres en lo particular, continúan el camino hacia la conquista de su libertad y reconocimiento, transitando por los senderos que las valientes mujeres del movimiento estudiantil de 1968 dejaron marcados.

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